sábado, 20 de febrero de 2021

Los malditos postes cuadrados



Enrique Orizaola, entre los jugadores y con corbata, durante su etapa de entrenador del Barça.

Dicen que son tan neutrales como los árbitros, aunque en sus rebotes se esconda una misteriosa intención. Son madera de árboles muertos, pero se levantan en el campo como monumentos vivos de la obsesión. Los postes de las porterías del estadio de Wankdorf de Berna también tenían vida, sobre todo aquel 31 de mayo de 1961, en plena final de la Copa de Europa. Sus aristas fueron aliadas del guardameta portugués, Costa Pereira, y arruinaron la ilusión de un entrenador cántabro que estuvo a punto de entrar majestuoso en la historia del C. F. Barcelona. Pero el potente disparo de Kubala se estrelló en el palo derecho, recorrió la línea de gol, pegó en el poste izquierdo y, manso como un perrito faldero, fue a parar a las manos de una cruel derrota.

Quién lo iba a decir cuando empezó a dar las primeras patadas al balón. Enrique Orizaola Velázquez (Santander, 1922-2013) se había encontrado por fin con esa oportunidad que esperan todos los entrenadores de fútbol. El 12 de enero de 1961 fue presentado oficialmente como responsable técnico del C. F. Barcelona, sustituyendo al serbio Ljubisa Brocic que había dimitido por los malos resultados. Orizaola, tras ser jugador y entrenador de varios equipos en Cantabria, entre ellos el Racing, continuó mostrando su eficacia en el Real Jaén (1958-59) y el Real Murcia (1959-60). Desde el conjunto murciano, el C. F. Barcelona pudo comprobar la seriedad de su sistema de trabajo cuando ambos equipos se enfrentaron en la Copa del Generalísimo.

Entrenador del Barcelona

El club catalán le contrató como segundo entrenador de Ljubisa Brocic, a quien ayudó a obtener el título nacional que se le exigía en España. Y pocos meses después de la dimisión de Brocic, el santanderino había llegado a la final soñada del barcelonismo. El equipo no estaba haciendo una buena temporada, pero en la Copa de Europa las cosas eran diferentes. Ya con Orizaola en el banquillo, el Barça eliminó por primera vez al rey absoluto de la competición, el Real Madrid, que había ganado las cinco primeras ediciones y seguía amenazando con la supremacía total en la competición. En los cuartos de final, el checoslovaco Spartak Hradec de Kralove no fue rival para los catalanes. Otra cosa serían las semifinales contra el Hamburgo, donde destacaba el célebre Uwe Seeler. Ante la igualdad de ambos equipos, hubo que jugar un tercer partido que se disputaría en Bruselas y que terminaría con la victoria azulgrana, gracias a un valiente cabezazo del brasileño Evaristo.

La primera final de la Copa de Europa

Con aquella emoción, el Barcelona, se había clasificado para su primera final en la Copa de Europa que jugaría contra el Benfica. Era la final de las tres bes (Barcelona, Benfica y Berna), según titulaba Carlos Bribián en su crónica del ‘Kölnische Rundschau’. Sus jugadores saltaron al estadio de Wankdorf con bastante optimismo y motivación, aunque dos de ellos se mostraban recelosos de sus porterías de postes cuadrados. Eran los húngaros Kocsis y Czibor, que siete años antes habían jugado en el mismo lugar la final del Mundial que Alemania ganó a Hungría, y en donde los postes repelieron dos disparos de la selección magiar. Desde los primeros minutos, el equipo español se mostró superior. En el minuto 20, Luis Suárez, que había sido Balón de Oro en su última edición, lanzó un centro medido a Kocsis que cabeceó para establecer el uno a cero. Pero diez minutos después, dos fallos de Ramallets dieron la vuelta al marcador, con uno de los goles “fantasma” que se dio por bueno cuando el balón botó en la misma línea de meta.

La aciaga segunda parte

En la segunda parte, el Barcelona mejoró su juego y presionó la portería rival, pero en un contraataque, los portugueses anotaron el tres a uno. Aún quedaba más de media hora de partido, y el conjunto español reaccionó en un alarde de bravura y juego brillante con constantes oportunidades. En una de ellas, Kocsis remató de cabeza a puerta vacía y el balón se estrelló en el palo. Tres minutos después, Kubala disparó desde la frontal del área y el balón pegó en el palo derecho, luego en el izquierdo y volvió al campo. A 15 minutos del final, llegaría el segundo gol del Barcelona, anotado por Czibor. El Barça siguió con su trepidante ritmo de acoso, con aglomeración de defensores, saturación de saques de esquina y paradas excepcionales del portero luso. En una de las últimas ocasiones, Czibor estrelló otro balón en el palo para la desesperación del húngaro que al final del partido rompió a llorar con Kocsis maldiciendo la derrota y aquellas porterías. Ninguno de ellos creyó nunca que aquellos postes cuadrados eran tan neutrales como los árbitros. Lo sabían. Tenían vida, odiaban a los húngaros.

Adiós a los postes cuadrados

Después del partido, los dirigentes de la UEFA solían organizar una cena con los jugadores de los equipos finalistas, y durante la velada, Enrique Orizaola expuso ante los representantes federativos la conveniencia de que los postes fueran redondos, no sólo porque entonces el Barcelona hubiera ganado la final, sino también por la seguridad de los jugadores que corrían el riesgo de chocarse con las aristas. Mes y medio después, la UEFA hizo caso a Orizaola y prohibió los postes cuadrados que en aquella final arruinaron la ilusión de un entrenador cántabro que estuvo a punto de entrar majestuoso en la historia del C. F. Barcelona.


sábado, 30 de enero de 2021

Dos racinguistas tras el balón exiliado




No fue como el de los millares de familias que tuvieron que huir del régimen franquista tras la guerra del 36, pero en las dos experiencias más importantes del exilio futbolístico en la guerra civil participaron dos jugadores vinculados al Racing que fueron internacionales vistiendo la camiseta del club cántabro.


Ellos fueron Enrique Larrínaga Esnal (Sestao, 1910- México, 1993) y Fernando García Lorenzo (El Astillero, 1912- Santander, 1990). Ambos terminaron su última temporada antes del conflicto bélico en las filas del Racing, pero poco después, Larrínaga formó parte de la selección de Euskadi que jugó en varios países europeos y americanos entre abril de 1937 y junio de 1939, mientras que García, fichado por el Barcelona, se incorporó a la gira que este equipo realizó por México y Nueva York entre junio y septiembre de 1937. Ambos acabaron sus vidas deportivas en México.


Larrínaga y la selección de Euskadi


No hay noticias sobre las tendencias o compromisos ideológicos de Larrínaga, a parte de su amor por su tierra vasca, aunque sí participó en varios partidos de fútbol de carácter benéfico organizados por agrupaciones políticas, probablemente aprovechando su fama y calidad como deportista. Dentro de la tendencia de utilizar los partidos de fútbol para recaudar fondos, en marzo de 1937 formó parte del equipo de Euzko Gudarostia (Ejército Vasco), vinculado al Partido Nacionalista Vasco y más tarde lo hizo con la selección vizcaína que se enfrentó a la guipuzcoana.


Al crear la selección de Euskadi para disponer de fondos destinados al mantenimiento de los niños enviados al exilio, se contó con Larrínaga para emprender una gira por varias ciudades europeas. El primer partido que se organizó fue contra el Racing Club de París, y tras varios partidos en Francia y otros países llegarían a Moscú donde fueron recibidos como héroes. Ante la prohibición de las autoridades francesas de mantenerse en el país sin la carta de refugiados, en septiembre de 1937 unos pocos regresaron a España y la mayoría, entre los que se encontraba Larrínaga, emprendió viaje a América, jugando varios partidos en México, Cuba y Chile. Finalmente se quedaron en México donde disolvieron la selección en 1939 formando el equipo de Euzkadi con el que compitieron en la Liga mexicana.


Fernando García, con la gira del Barcelona


Sin ideas políticas conocidas, y seguramente, como la mayor parte de los deportistas, alejadas de ellas, Fernando García, recién incorporado al F. C. Barcelona tras el requerimiento de su técnico, el ex entrenador del Racing, Patrick O’Connell, partió en 1937 con la expedición del conjunto catalán que había recibido una oferta para jugar varios partidos en México. El equipo, que también jugó en Nueva York, se disolvió con diferentes destinos de sus jugadores. Varios se quedaron en México, como García, que aceptó una oferta del Asturias, de tal manera que en el campeonato de Liga mexicano coincidirían, en principio como rivales, los dos compañeros en el Racing, Larrínaga, del Euzkadi; y García, del Asturias.


En Mexico


Nando García
 fue un jugador muy célebre en México. Le llamaban ‘El Gavilán’, por la forma de extender los brazos para proteger la pelota y con el Asturias, al que se incorporaría Larrínaga, ganó la Liga en 1939. Luego colaboró para que el Club Atlante fuera campeón de la Copa mexicana (1940) y su fama se extendería por Argentina, jugando en el Vélez Sarsfield (1940-41) y en el San Lorenzo de Almagro (1941-42). Tras su experiencia argentina regresó a México, al Atlante (1942-44) y en 1944 se enroló en las filas del Real España y se proclamó campeón de Liga de nuevo con su excompañero racinguista Enrique Larrínaga. Tras regresar a España en 1946 para cumplir su compromiso con el Barcelona, volvió a México para jugar en el España (1947-50) y Marte (1950-51).

Por su parte, Larrínaga, tras una breve estancia en el Euzkadi, fichó por el Asturias, club con el que ganaría nada más llegar la Liga y Copa de México, coincidiendo con Fernando García. Con este mismo equipo, Larrínaga también conquistó la Copa de México de 1941. Avanzado este último año, firmó por el que sería último club de su carrera, el Real España, club que con la incorporación de Fernando García para la temporada 1944-45, obtendría el título de Liga. 

Tanto Larrínaga como García, no huyeron de persecuciones ideológicas, sino que jugaron para colaborar en los fines recaudatorios de sus respectivos equipos, quedándose en México ante las posibilidades profesionales que allí se les brindó y que no hubieran podido encontrar en una España herida de guerra. No fue como el de los millares de familias que tuvieron que huir del régimen franquista, pero también sufrieron su particular exilio detrás del balón.

miércoles, 13 de enero de 2021

El prisionero inglés que impulsó el fútbol

Pronto se cumplirán cien años de uno de los acontecimientos que marcarían el devenir del fútbol en España. El 6 de abril de 1921, vestido con traje azul, guantes blancos, sombrero hongo y fumando en pipa, llegaría a Santander Frederick Beaconsfield Pentland, más conocido como Mr. Pentland. El hombre que popularizó al ‘míster’ como sinónimo de entrenador de fútbol fue el primer técnico serio y con conocimientos que tuvo el Racing y quizás el primero de esas características que llegó a España.

Se sabe que su labor y sus métodos convirtieron al Racing en un equipo de verdadera entidad, pero es menos conocida la impactante experiencia que antes de llegar a Cantabria desarrolló durante los cuatro años que estuvo prisionero en un campo de concentración alemán con motivo de la I Guerra Mundial.

 El periodista Jon Rivas, en su biografía sobre Pentland titulada ‘El prisionero de Ruhleben’, profundiza en aquella etapa. Tras abandonar el fútbol profesional debido a una lesión, Pentland comenzó a entrenar al Halifax Town F. C., el equipo donde había sido jugador, y enseguida recibió una tentadora oferta para dirigir a la selección alemana de fútbol con vistas a prepararla para los Juegos Olímpicos de Berlín previstos para 1916. Pero un mes después de su llegada en 1914 se produjo el atentado de Sarajevo y Gran Bretaña entró en guerra contra Alemania.

Un hipódromo, campo de concentración

Cientos de británicos que se encontraban en el país comenzaron a ser apresados y conducidos al hipódromo de Ruhleben, a unos diez kilómetros de Berlín, donde se improvisó un campo de concentración que llegó a contar con 4.000 hombres. El hipódromo tenía una superficie de diez hectáreas, once establos donde se alojaron los prisioneros, un edificio administrativo, un restaurante, un ‘Tea-House’, tres gradas y una larga pista de carreras cuya zona central era perfecta para jugar al fútbol, pero que no era accesible a los reclusos.

Fue el empeño de Pentland y de otros compañeros que habían sido futbolistas, los que por fin consiguieron el permiso para jugar en marzo de 1915. Entonces los ingleses crearon la ‘Ruhleben Football Association’ para organizar equipos y campeonatos, asociación que tuvo como presidente al mismo Pentland y cuyo primer balance daría lugar a la creación de dos divisiones con catorce clubes en cada una de ellas y una competición de Copa. El trabajo realizado por Fred Pentland fue digno de elogio. Elevó la moral de sus compatriotas gracias a una excelente organización deportiva que mantuvo la actividad, la forma física de 453 jugadores y el interés de unos hombres que se salvaron de la desesperación a la que suele conducir el ocio del confinamiento.

Otra forma de elevar la moral fue la creación de una revista del campo donde Pentland comenzaría su costumbre de escribir artículos periodísticos, costumbre que continuaría en Santander y en otras localidades, donde ejercería como entrenador, y en donde expondría sus ideas, siempre con un propósito didáctico.

Amberes, Pagaza y el Racing

Tras acabar la guerra, Mr. Pentland regresó a Inglaterra en enero de 1919 y pronto fue reclamado para dirigir a la selección nacional de Francia con vistas a los Juegos Olímpicos de Amberes de 1920. Allí conoció al racinguista Pagaza que le animó a que fichara por el Racing, abriéndole el camino para venir a España.

Después de entrenar al Racing lo hizo en el Athletic Club (1922-25), el Athletic madrileño (1925-26), el Oviedo (1926-27), el Arenas de Guecho (1927-28) y de nuevo al Athletic madrileño (1928-29 y 1933-35) y el bilbaíno (1929-33), donde consiguió los mayores éxitos: dos Ligas y cinco Copas. También en 1929 fue el seleccionador del equipo español que ganó a Inglaterra en su primera derrota por una selección no británica y dirigió en 1930 a la selección española en un par de partidos por encargo del seleccionador, José María Mateos.

El fin de una etapa

Las tensiones laborales, políticas, actos terroristas y asesinatos que se vivían en los estertores de la II República, le animarían a regresar a su patria en junio de 1936 desde el puerto de Santander, embarcando en el ‘Iberia’ con destino a Southampton en compañía de su esposa Nahneen Yvonne y su hija Ángela

A veces la buena suerte se disfraza de fatalidad. Permanecer cuatro años en una prisión alemana no fue un infortunio. El mismo Pentland reconocería que si no hubiera sido por la lesión que le convirtió en entrenador y que le llevó a Alemania, quizá se hubiera encontrado entre los millones de hombres que murieron en la Gran Guerra. Bendita lesión para Pentland, para el Racing y para el fútbol.


domingo, 3 de enero de 2021

El partido más largo



Formación del Laredo en el partido contra el Guecho. De izquierda a derecha, José Luis, Ignacio, Nando Laya, Susi, Amavisca y Cano Llata. Agachados, Varona, Docal, Javi Laya, Santos y Sito.

Me cuentan que el récord Guinness del partido de fútbol más largo de la historia tuvo lugar en Chile en 2016. Duró 120 horas, con el apretado resultado de 505-504. Pero en Cantabria se disputó un partido cuyo pitido inicial se produjo el 23 de enero de 1977 para escuchar el del final dos meses después, el 23 de marzo. El C. D. Laredo, con su rival, el C. D. Guecho, fueron los protagonistas. Fue una historia de nerviosismo, despropósitos y persecución arbitral hacia los cántabros cuyo recuerdo no se olvida con facilidad.

El campeonato de Liga de Tercera División vivía momentos históricos en la temporada 1976-77. La Asamblea General del fútbol español había decidido crear una nueva categoría, la Segunda B, de tal manera que los cuatro grupos de Tercera que existían iban a tener una profunda transformación. Sólo los clasificados entre el segundo y el décimo puesto optarían por jugar en Segunda B (los primeros ascenderían a Segunda), así que la tensión competitiva en los campos se incrementó.

El cierre de San Lorenzo

El 2 de enero de 1977, el ‘Charles’ recibía en los campos de San Lorenzo al Guernica. Cuando los vascos ganaban 0-1, un espectador saltó al campo para agredir al árbitro, Osoro Garay. Era el minuto 20 y los intentos de agresión se repitieron hasta que el colegiado decidió suspender el partido. El Comité de Competición castigó al Laredo dando por finalizado el encuentro con la victoria de los visitantes y cerrando San Lorenzo para el partido contra el C. D. Guecho del 23 de enero.

El partido contra el C. D. Guecho

El Racing abriría las puertas de los Campos de Sport a los pejinos para ese partido que resultó muy reñido, con una actitud del colegiado, el guipuzcoano Garagorri Lángara, que constantemente parecía guiarse por un espíritu de venganza en desagravio del compañero que arbitró en Laredo. Anuló un gol al laredano Varona y aún así, el conjunto cántabro, dirigido por Abel, fue superior en la segunda parte gracias al tesón de sus jugadores. En el minuto 77, Cano Llata botó un córner, Docal entró al remate y el portero Salaverría, descolocado en su salida, despejó con suavidad para que Nando Laya rematara de cabeza el gol cántabro.

Minutos después, el jugador del Guecho, Ayesta, se ayudó con la mano en el área laredana y en el cruce con un defensor, cayó al suelo. El árbitro señaló penalti. Los aficionados laredanos que se acercaron a El Sardinero elevaron sus niveles de adrenalina que rebosarían cuando el extremo del Guecho, Gonzalo, erró el lanzamiento por encima del larguero y la alegría de los hombres de Abel se convirtió en indignación, ya que el árbitro mandó repetir el penalti al observar que los defensores locales habían entrado en el área antes del lanzamiento. Como consecuencia de las protestas, Garagorri expulsó al capitán Ignacio y luego se produjo una invasión del campo que llegó a agredir al colegiado. El partido se suspendió cuando faltaba un minuto y ocho segundos para su finalización. El Comité de Competición sentenció que debería de lanzarse el penalti y jugarse, esta vez en San Mamés y a puerta cerrada, los sesenta y ocho segundos que faltaban.

Reanudación en San Mamés

Después de un aplazamiento debido al secuestro del general Villaescusa por el Grapo y la matanza de los cinco abogados laboralistas de Atocha que desaconsejaban la organización de eventos, el partido se reanudaría el 23 de marzo. Sólo unas veinte personas pudieron ver cómo de nuevo el jugador del Guecho lanzaría fuera el penalti, y cómo de nuevo, el árbitro, en este caso el vizcaíno Izaguirre, mandaría repetir el lanzamiento por entender que el portero, José Luis, se había movido antes del disparo.

Finalmente, el gol del Guecho subió al marcador, aunque se quedó a un punto de estrenar la Segunda B. El Laredo, por su parte, descendió a la categoría regional. Su presidente, José Luis Alonso, no tuvo reparos en reconocer que aquel partido, el más largo que se recuerda, fue “un atraco a mano armada”.

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