miércoles, 2 de enero de 2019

La pionera del balón

No era una niña como las demás. Tenía una esencia vital que la invitaba a correr y a saltar. Por eso sus ojos se fueron detrás de los primeros balones que vio rodar por el barrio coruñés de Orillamar, entre chiquillos que se entretenían con ese nuevo sport y que tanto interés estaba levantando entre los cada vez más curiosos espectadores. Hubo reparos cuando se atrevió a pedir que la dejaran jugar. Pero fueron tan breves como el tiempo en que tardó en recibir la pelota, postrarse a sus pies y someterse a la increíble pericia y personalidad de la que dicen fue la primera futbolista española: Irene González Basanta

La primera

Muchos la señalan como la primera en todo lo futbolístico. La primera y, durante bastante tiempo, la única. Porque con el reto de su aspiración tuvo que batirse desamparada y sola en un fútbol de hombres. Fue la primera mujer futbolista en España, la primera guardameta, la primera capitana, la primera en jugar en un equipo de hombres, la primera en disputar una competición de fútbol masculina y la primera que dio su nombre a un club. 

Nacida en La Coruña el 26 de marzo de 1909, Irene comenzaría a ser popular en la ciudad jugando en el campo de La Estrada, Monelos y Riazor. Lo hacía en sus inicios como delantero centro. En realidad jugaba en todas las posiciones sin desentonar, pero a medida que los equipos lo formaban jugadores de más edad y peso, fue retrasando su demarcación hasta que encontró su puesto ideal, el de guardameta. Era ágil, intrépida, valiente y decidida. Sabía anticiparse y no dudaba en ir al choque en las salidas para enfrentarse a los uno contra uno. Como buena guardameta, también era mandona en el área, incluso un poco mal hablada y supersticiosa, ya que solía colocar algún amuleto junto al poste para alejar los goles de su puerta. Jugó en diferentes equipos infantiles, como el Racing-Athletic coruñés, y el público comenzó a sentir admiración por aquella joven que no se arrugaba ante nada. Participó en campeonatos y luego en encuentros amistosos con equipos de Vilaboa, Laracha, San Pedro de Nós, Carballo, Betanzos, Ferrol y Lugo, donde siempre exigían que jugara ella, la estrella del equipo, Irene. 

Su propio equipo

El éxito de su presencia por los campos gallegos, y cierta desorganización que había en los equipos donde jugaba, le animaría a fundar su propio club que llevaría el nombre de Irene F. C., y del que, naturalmente, era la capitana. Con su equipo realizaría giras aprovechando las diversas fiestas de las localidades de la provincia con partidos cuyas recaudaciones se distribuían entre la plantilla. 

En el otoño de 1927 la enfermedad la apartó de los terrenos de juego. La fama y el cariño que había atesorado se convirtieron en solidaridad. Un aficionado publicó en la prensa una carta titulada “Hay que socorrer a Irene”, y como consecuencia de aquella llamada, en varios campos de La Coruña, Ferrol y Betanzos se hicieron colectas durante los partidos para costear el tratamiento y los medicamentos que Irene precisaba. Pero todo fue inútil.

Fallecida a los 19 años

Murió el 9 de abril de 1928 de una tuberculosis pulmonar. Tenía 19 años. A su entierro asistieron jugadores y aficionados al fútbol que siempre supieron que Irene González Basanta no fue una niña como las demás, porque tenía una esencia vital que la invitaba a correr y a saltar. Lástima que sus ojos se fueron apagando, quizás soñando en perseguir los primeros balones que vio por el barrio coruñés de Orillamar para ser la primera y única mujer en atraparlos de forma ágil, intrépida, valiente y decidida.

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