martes, 19 de julio de 2016

El fútbol descalzo del paraíso

Es el lugar donde nacen y mueren los futbolistas de Santander. Las olas allanan su terreno de juego, las mareas deciden su anchura y los montículos de arena forman las porterías. En este juego a la orilla del mar, la naturaleza exige jugar como Dios creó al hombre, a su imagen y semejanza, persiguiendo la equidad esférica de aire con los pies descalzos, desnudos e iguales, uniformados en la sencillez y despojados de cualquier protección para el sufrimiento. Porque el contacto con la pelota debe ser una caricia, no un castigo.

Nunca la playa está tan hermosa como cuando por las mañanas, en la bajamar, se instalan decenas de arquitecturas -puertas abiertas desde las que se trazan líneas paralelas y perpendiculares- y se pueblan de alevines de futbolistas o de veteranos que no se resignan a perder la juventud. 

Rafael Sanz Fraile nació en 1910, cuando los pioneros del fútbol en Santander jugaban en los Arenales de Maliaño, los mismos que Gerardo Diego rellenó con la arena de sus versos alrededor de un balón de fútbol. Con 15 años jugaba en el Aring de Miranda, un equipo de amigos de su barrio donde actuaba de portero. En 1926, con otros amigos, cambiaron el nombre del Aring por el del Rayo Sport Miranda, y muy pronto su iniciativa, madurez y seriedad le convirtieron en el principal líder del equipo, siendo su presidente desde 1928, cuando el Rayo se formalizó participando en su primera competición de importancia: El Campeonato Infantil de El Cantábrico.

El Rayo Cantabria y sus grandes jugadores

Entre la multitud de entusiastas y románticos que dedicaron sus vidas al fomento del fútbol en Cantabria, es imposible encontrar a un hombre que destaque tanto como Rafael Sanz, creador y alma del Rayo Cantabria. Su amor por el Racing, que mantuvo siempre como referencia última de todos sus jugadores, fue tan desprendido que en 1950 cedió la presidencia y dejó a su equipo “en las buenas manos” del Racing, que lo adoptó como club filial, convirtiéndole en el más fructífero vivero de jugadores para el primer equipo. Sólo hay que recordar el amplio repertorio con el que se enriqueció la plantilla racinguista: Joven, Germán, Zamoruca, Marquitos, Gento, Miera, Zaballa, Santamaría, Abel, Alba, Francisco Javier Aguilar, Camus, Cantudo, José Ceballos, Chiri, Manolo Díaz, Esteban Torre, Fermín, Geli, Gelucho, Lolo Gómez, Juan Carlos Pérez, Juan Carlos García, Liaño, Moncaleán, Moro, Pacheco, Pardo, Preciado, los hermanos Roncal, Santi, Sañudo, Saras, Sebas, Somarriba, Trueba, Víctor Diego, Villita, Nando Yosu, Isidro, Álvaro, Munitis…

El Torneo Los Barrios

Pero la creación del Rayo y su valiosa donación al Racing no fue la única aportación al fútbol de Rafael Sanz. También fue precursor de otras importantes actividades que sin duda fomentaron el desarrollo deportivo entre los jóvenes en una época tan delicada como la posguerra. En 1946, en colaboración con los órganos federativos y el diario Alerta, puso en marcha el I Torneo Los Barrios, una competición para menores no federados que tuvo una gran acogida, siendo catalizador de descubrimientos de grandes futbolistas.

Y como complemento para extender la edad de los jugadores a la competición, descubrió el fútbol del paraíso. Fue en San Sebastián, contemplando cómo en la playa de La Concha multitud de futbolistas veteranos disputaban partidos. Jugar en la playa fue algo que pudo llevarse a cabo gracias a la aparición de los balones de plástico. ¿Por qué no hacerlo en El Sardinero con los chavales entre 12 y 15 años que no podían jugar el Torneo Los Barrios?

El Campeonato de Fútbol Infantl Playero

Y una vez más, siguiendo la vocación de ayudar siempre a la cantera, en 1951 se puso en marcha, con la autorización del Frente de Juventudes y la colaboración de la Peña Óscar, el I Campeonato de Fútbol Infantil Playero, Trofeo ‘Rafael Sanz’.

Las playas de El Sardinero fueron un paraje ideal para la formación futbolística de los más pequeños. Fue un éxito que aún perdura y que años después también se extendería a los jugadores veteranos. Con el apoyo de la Peña Óscar, Rafael Sanz, vinculado a una familia de grandes pintores y dibujantes, también organizaría concursos infantiles de carteles para el campeonato playero, además de un cross infantil que se celebraba en la misma playa de El Sardinero.

Nunca la playa está tan hermosa como cuando por las mañanas, en la bajamar, se instalan decenas de arquitecturas -puertas abiertas desde las que se trazan líneas paralelas y perpendiculares- y se puebla de alevines de futbolistas o de veteranos que no se resignan a perder la juventud. Allí nacen y mueren los futbolistas de Santander, a la orilla del mar, entre olas, atracción de mareas y arena mojada, con los pies descalzos, desnudos e iguales, uniformados en la sencillez y despojados de cualquier protección para el sufrimiento. Porque el contacto con la pelota debe ser una caricia, no un castigo. Así es el fútbol del paraíso que Rafael Sanz legó al deporte de la ciudad.

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